Salvando a Grecia
¿Podrá la tragedia de Grecia aún tener un final feliz? La mayoría de inversionistas cree que el país no podrá escapar a un impago en el futuro. Sus escasas esperanzas de evitar esta situación dependen de un ambicioso programa de privatizaciones y de promoción inmobiliaria por valor de 50.000 millones de euros para 2015, con entre 12.000 millones y 17.000 millones de euros en ingresos comprometidos para 2013. El anuncio el miércoles de una serie de asesores para las privatizaciones, que van desde compañías de juegos hasta autopistas, sugiere que el plan podría por fin ser serio. Pero el riesgo de ejecución sigue siendo alto.
A Grecia no la faltan activos. Sólo sus empresas estatales están valoradas en 44.000 millones de euros, según la OCDE. Éstas incluyen puertos, compañías energéticas, de transporte, de agua y de juegos. Además, el patrimonio inmobiliario del Gobierno está valorado entre 200.000 millones y 300.000 millones de euros, incluidas las instalaciones olímpicas de 2004, propiedades militares y terrenos utilizados para el desarrollo privado no controlado.
Pero, pese a los compromisos dados al FMI y a la Comisión Europea, Grecia ha estado dando largas, en parte por el temor a provocar más protestas en el país. A diferencia de las privatizaciones en Reino Unido en los años 1980, parece probable que Grecia se verá obligada a vender principalmente a inversionistas extranjeros, en lugar de a los propios griegos, aumentando la sensibilidad. Pero las actitudes están cambiando: una reciente encuesta mostró que más de siete de cada 10 griegos apoya una privatización y el Gobierno socialista puede contar con el apoyo de la oposición de derecha para las ventas de activos.
El desafío ahora está en encontrar a inversionistas que estén dispuestos a invertir en Grecia. La española Gas Natural ha dicho que podría presentar una oferta por una participación en la compañía gasista DEPA; Athens International Airport también podría atraer el interés internacional, aunque el valor de este acuerdo dependerá de los términos de un nuevo acuerdo de concesiones.
Pero todavía hay obstáculos. Los compradores financieros podrían encontrar dificultades a la hora de lograr préstamos para comprar activos griegos.
Además, el progreso puede ser lento en el lado del sector inmobiliario. Grecia apenas ha empezado a crear un único registro de la propiedad, sus bancos están catalogando sus activos inmobiliarios y el país tiene que desarrollar derechos de superficie y de arrendamiento a largo plazo. Las condiciones para los promotores siguen siendo inciertas. Y, en cambio, Grecia depende del sector inmobiliario para generar 35.000 millones de los 50.000 millones de euros que tiene como objetivo. Esto es enormemente ambicioso.
Aun así, el precio vale la pena. De lograr recaudar la totalidad de los 50.000 millones de euros –equivalente al 20% del PIB— el ratio deuda-PIB de Grecia caería hasta el 134% en 2015 desde las previsiones actuales del 151%, de acuerdo con el FMI, y su deuda seguiría en una clara trayectoria bajista, dando esperanzas de que sea sostenible. Esta previsión también excluye otros beneficios económicos, como el aumento de la inversión extranjera en la economía, una mayor productividad y la oportunidad de recomprar deuda con una rentabilidad por las nubes.
A lo que se enfrenta Grecia es nada menos que a una revolución al estilo Thatcher. Pero la comparación es un recordatorio de que lo prometido es lograble, siempre que uno ponga una Thatcher en su vida.
Fuente: Wall Street Journal
Link: http://online.wsj.com/article/SB130581925786917309.html?mod=WSJS_inicio_MiddleFirst
A Grecia no la faltan activos. Sólo sus empresas estatales están valoradas en 44.000 millones de euros, según la OCDE. Éstas incluyen puertos, compañías energéticas, de transporte, de agua y de juegos. Además, el patrimonio inmobiliario del Gobierno está valorado entre 200.000 millones y 300.000 millones de euros, incluidas las instalaciones olímpicas de 2004, propiedades militares y terrenos utilizados para el desarrollo privado no controlado.
Pero, pese a los compromisos dados al FMI y a la Comisión Europea, Grecia ha estado dando largas, en parte por el temor a provocar más protestas en el país. A diferencia de las privatizaciones en Reino Unido en los años 1980, parece probable que Grecia se verá obligada a vender principalmente a inversionistas extranjeros, en lugar de a los propios griegos, aumentando la sensibilidad. Pero las actitudes están cambiando: una reciente encuesta mostró que más de siete de cada 10 griegos apoya una privatización y el Gobierno socialista puede contar con el apoyo de la oposición de derecha para las ventas de activos.
El desafío ahora está en encontrar a inversionistas que estén dispuestos a invertir en Grecia. La española Gas Natural ha dicho que podría presentar una oferta por una participación en la compañía gasista DEPA; Athens International Airport también podría atraer el interés internacional, aunque el valor de este acuerdo dependerá de los términos de un nuevo acuerdo de concesiones.
Pero todavía hay obstáculos. Los compradores financieros podrían encontrar dificultades a la hora de lograr préstamos para comprar activos griegos.
Además, el progreso puede ser lento en el lado del sector inmobiliario. Grecia apenas ha empezado a crear un único registro de la propiedad, sus bancos están catalogando sus activos inmobiliarios y el país tiene que desarrollar derechos de superficie y de arrendamiento a largo plazo. Las condiciones para los promotores siguen siendo inciertas. Y, en cambio, Grecia depende del sector inmobiliario para generar 35.000 millones de los 50.000 millones de euros que tiene como objetivo. Esto es enormemente ambicioso.
Aun así, el precio vale la pena. De lograr recaudar la totalidad de los 50.000 millones de euros –equivalente al 20% del PIB— el ratio deuda-PIB de Grecia caería hasta el 134% en 2015 desde las previsiones actuales del 151%, de acuerdo con el FMI, y su deuda seguiría en una clara trayectoria bajista, dando esperanzas de que sea sostenible. Esta previsión también excluye otros beneficios económicos, como el aumento de la inversión extranjera en la economía, una mayor productividad y la oportunidad de recomprar deuda con una rentabilidad por las nubes.
A lo que se enfrenta Grecia es nada menos que a una revolución al estilo Thatcher. Pero la comparación es un recordatorio de que lo prometido es lograble, siempre que uno ponga una Thatcher en su vida.
Fuente: Wall Street Journal
Link: http://online.wsj.com/article/SB130581925786917309.html?mod=WSJS_inicio_MiddleFirst

Comentarios
Publicar un comentario